lunes 2 de junio de 2008

"Aproximaciones al Ateísmo en Iván Karamázov" Parte I

Nos centraremos, como lo mencioné más arriba, en dos capítulos de la obra principalmente. Del libro quinto: Pro y Contra; el capítulo IV “La Rebeldía” y el capítulo V “El Gran Inquisidor”. En estos dos capítulos es en dónde mejor desarrolla Iván su pensamiento contra Dios, o mejor dicho, contra el mundo que Él ha creado.

Ahora bien, en los capítulos que propiamente corresponden, en el capítulo “La Rebeldía” Iván le dice a Aliosha que no es que no crea en Dios, sino que está enojado con Él debido al mundo que ha creado. No acepta el mundo que Dios ha creado, sabe que Dios existe pero no quiere admitirlo. Y pone como ejemplo los sufrimientos de los niños, los más inocentes. Yo pongo de ejemplo el siguiente texto para señalar, con nuevas palabras, lo que Iván trataba de decir, su frustración hacía un mundo que no le habla de Dios por ningún lado.

El Salmo de los Desheredados (El Dios de los Tristes)
-Mägo de Oz-

Padre Nuestro, de todos nosotros,de los pobres, de los sin techo,de los marginados y de los desprotegidos,de los desheredados y de los dueños de la miseria,de los que te siguen y de los que en ti ya no creemos.Baja de los cielos, pues aquí está el infierno.Baja de tu trono, pues aquí hay guerras, hambre, injusticias.No hace falta que seas uno y trino, con uno sólo que tenga ganas de ayudar, nos bastaría.¿Cual es tu reino? ¿El Vaticano?¿La banca? ¿La alta política?Nuestro reino es [Hispanoamérica, África, Asia, Medio Oriente]El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género,la pederastia, las dictaduras, el cambio climático.En la tentación caigo a diario, no hay mañana en la que no esté tentado a crear un Dios humilde, a un Dios justo.Un Dios que esté en la tierra, en los valles, los ríos,un Dios que viva en la lluvia, que viaje a través del vientoy acaricie nuestra Alma.Un Dios de los tristes, [de los homosexuales,
De los no natos] Un Dios más humano...Un Dios que no castigue, que enseñe.Un Dios que no amenace, que proteja.Que si me caigo, me levante,que si me pierdo, me tienda su mano.Un Dios que si yerro no me culpey que si dudo me entienda.Padre Nuestro, de todos nosotros,¿por qué nos has olvidado?Padre Nuestro, ciego, sordo y desocupado,¿por qué nos has abandonado?

El texto arriba escrito trata de hacer ver lo que Iván pensaba y la razón principal por la cual es ateo. Iván Karamázov acepta en un principio la existencia de Dios, para después responsabilizarlo del caos que hay en la Tierra.

“Imagina que tú mismo debes erigir el edificio de los destinos humanos con el objetivo final de hacer felices a los hombres –le dice Iván a su hermano Aliosha- de darles, por fin, la paz y la tranquilidad, mas para ello es necesario e inevitable atormentar aunque sólo sea a la más humilde criatura, a esa misma niña que se pegaba con su puñito en el pecho, y sobre los cimientos de esas lágrimas no vengadas levantar ese edificio; dime, ¿aceptarías el ser el arquitecto en estas condiciones? ¡Dilo y no mientas!”
[1].

Aliosha, quien cree y ama a Dios, se ve obligado a contestarle: “No, no lo aceptaría”. Nadie lo aceptaría, el sufrimiento de los inocentes haría de la vida futura, la vida feliz, llena de sinsentido. Meditando en la actitud de Iván uno podría aliarse con él al ver un mundo lleno de contradicciones, en el que un Dios que se dice es bondadosísimo y justísimo lo ha creado, y que sin embargo el mundo no es el mejor de los mundos posibles como diría Leibniz.
Todos en algún momento de nuestra vida, al ver las miserias del mundo, los sufrimientos de los inocentes, nuestro propio sufrimiento nos preguntamos ¿dónde está Dios? Esa pregunta, una pregunta tan natural, es la misma pregunta que se hace Iván ¿dónde está Dios? ¿Por qué todo está permitido? El ateísmo de Iván no acepta el sufrimiento de los inocentes. Dios no lo puede permitir, sin embargo está permitido, luego Dios no existe “en éste valle de lágrimas”.

Nos es imposible no pensar en la libertad debido a que en nuestra tradición sabemos que el mal en el mundo se debe a que el hombre es un ser libre, ha comido la manzana del árbol prohibido y es capaz de elegir entre el bien y el mal. Pero los niños, ¿ellos han elegido? No, no han elegido, pero el hombre si puede decidir sobre estos niños. El tema va trasladándose a un plano de la libertad. Dios es un tema central y vital en la literatura de Dostoievski, pero también la libertad, no puede pensarse en un mundo desgraciado sin pensar inmediatamente en la libertad; el drama, la tragedia es la libertad. Libertad de escoger entre el bien y el mal, entre la obediencia y la rebeldía. Avanzamos, pues, al mal. El mal no es solamente la ausencia de bien como lo plantearía San Agustín, el mal es la nada, es un principio rebelde contra Dios que es lo que Es. La presencia del mal se fundamenta en la libertad del hombre y de la mujer, en el rechazo del bien. El origen del mal es la rebelión, el deseo de libertad ilimitada sin Dios, “el ser como dioses”.
Iván ha elegido rebelarse contra Dios y ser un dios, un dios distinto al Dios que lo ha creado. Un dios que no piense siquiera en la libertad del hombre, pues si hay alguien que prohíba todo ése es Dios, y si nada está permitido Dios existe. Tratando de mantener la línea se da paso a la leyenda, que le cuenta Iván a su hermano Aliosha, la leyenda de “El Gran Inquisidor”.

También, como dato curioso y para contextualizar sobre la leyenda de “El Gran Inquisidor” antes de iniciarla, podemos ver que cuándo Dostoievski se refiere a la Santa Inquisición, sabemos que posee la visión Rusa de la Inquisición Española y en general con el catolicismo occidental, tal como lo menciona Aliosha: “¡se trata de los peores elementos del catolicismo, de los inquisidores y de los jesuitas!”
[2] Además, en los Pensamientos Anotados de Dostoievski se refiere a que los jesuitas mienten, y están convencidos de que mentir con miras a una consecución de un fin bueno es útil y lícito.

[1] DOSTOIEVSKI, Fiódor, Brat’ya Karamazovy, Los Hermanos Karamázov, Ed. De Bolsillo, Juan Cano Ballesta, Trad. José Laín, España, 2004, p 360
[2] Ibid 381