“En verdad, en verdad os digo: Si el grano de trigo, caído en tierra, no muere, queda solo; pero si muere, produce mucho fruto”.(Evangelio de San Juan, Cap. XIII, 24)
Deseo empezar el presente texto, o la presente exposición, hablando sobre las razones principales que me comprometieron a trabajar en Dostoievski, en particular con Iván, y en general, con la familia Karamázov. Tiempo ha que esperaba con ansias leer el famoso libro que hoy nos ocupa, Brat’ya Karamazovy[1], Los Hermanos Karamázov, y ese día al fin llegó. Pude apreciar que al leer a Dostoievski, primera vez que lo hacía, no estaba ante un escritor más; no, estaba ante alguien que movía mis emociones y mi intelecto.
Conforme avanzaba en el texto conocía a la familia Karamázov, a cada uno de sus integrantes, al padre, Fiódor Pávlovich, y a sus tres hijos: Iván, Dmitri y Aliosha Karamázov; sus hazañas, sus vivencias, sus preocupaciones, sus amores, sus inquietudes y sus pasiones me envolvieron; admito que en ciertos momentos me sentía un Karamázov. Me percaté que los tres hermanos conformaban a uno solo: al autor; o quizá, por qué no, el lector.
Fue así como Los hermanos Karamázov, e Iván en particular, me llevaron a conocer sus pensamientos, experiencias y vivencias, cada uno desde sus diferentes miradas; y es en el intelectual Iván en dónde su pensamiento ateo lo conduce a una angustia que tiene su génesis en su vivencia. Es en el pensamiento de éste personaje donde me detendré y analizaré, tratando de aproximarme al ateísmo de Iván Karamázov.
¿Qué podré decir de una obra de la extensión de Los Hermanos Karamázov? ¿O de un autor de la talla de Dostoievski? Poca cosa puedo añadir, pues ya muchos han hablado de ella, y mejor de lo que yo pueda hacerlo. Yo, en mi calidad de mero lector, sólo puedo decir que son un autor y una obra que hay que leer. Al menos poco más de la mitad que ha sido lo que he leído yo del libro que nos ocupa.
Si leemos hoy Los hermanos Karamázov encontramos que sus temas siguen plenamente vigentes casi siglo y medio después. Eso es simplemente debido a la habilidad y destreza de Dostoievski para retratar a unos personajes absolutamente humanos, cuyos sentimientos y acciones podemos comprender porque nos reflejan a nosotros mismos. Los personajes de Los hermanos Karamázov son muy particulares; en la inmensa obra uno puede percatarse de cómo cada uno de los personajes adquiere, por llamarlo de alguna manera, vida propia; Dostoievski habla por medio de cada uno de ellos, y el narrador se vuelve un personaje más, que no es el autor. Dostoievski filosofa por boca de cada uno de sus personajes y en particular con Iván; son posturas existencialistas y las ideas son personificadas.
Los hermanos Karamázov es considerada como una de las grandes obras maestras de la literatura universal, constituye la expresión artística más fuerte de la habilidad de Dostoievski para traducir a palabras sus análisis psicológicos y sus puntos de vista filosóficos, también van a parar todas las preocupaciones éticas y religiosas en las que aparecen a lo largo de su novelística. “En toda nuestra literatura occidental, la novela, salvo muy raras excepciones, no se ocupa más que de las relaciones entre los hombres, de temas pasionales o intelectuales, asuntos familiares, de sociedad, de las clases sociales; pero nunca, o casi nunca, de las relaciones del individuo consigo mismo o con Dios. Estos son los que dominan en Dostoievski”[2].
El argumento de la obra, el de una historia de misterio sobre un asesinato, se adentra en el terreno del parricidio y de las tensiones familiares. La profunda significación intelectual y espiritual de esta extensa novela se va revelando a través del duelo entre los tres hermanos, el intelectual ateo, Iván, el pasional hombre de acción, Dmitri, y el bondadoso novicio de un monasterio, Aliosha. Fijémonos cómo los tres protagonistas son símbolos de la composición humana: mente, cuerpo y afecto.
Pero ¿quién es la familia Karamázov? Familia “poseída de una sed de vivir, de un furioso apetito de vivir”[3].Primeramente el padre, Fiódor Pávlovich Karamázov. Bufón y oportunista de cincuenta y tantos años que tiene tres hijos en el transcurso de sus dos matrimonios. Se rumora también que es el padre de un cuarto hijo, Smerdiakov, ilegítimo, a quien contrató como su sirviente. Fiódor no tuvo ningún interés en ninguno de sus hijos, por lo que, como resultado de esto, crecieron apartados entre ellos, y también de su padre[4].
Dmitri Fiódorovich Karamázov (Mitia). Único hijo del primer matrimonio de Fiódor. De los tres hijos la personalidad de Dmitri es la más parecida a la de su padre; tiene una insaciable lujuria por la vida, es un sensualista en todos los sentidos, y apuesta y despilfarra enormes cantidades de dinero. Al principio de la novela Dmitri se enreda en una amarga discusión con su padre sobre su herencia y una mujer local que los tiene encaprichados a ambos.[5]
Iván Fiódorovich Karamázov. Segundo hijo de Fiódor, pero el primero de su segundo matrimonio. Racionalista ferviente y también ateo. Desde una edad temprana se le apartó y alejó de todos alrededor de él. Iván tiene un odio hacia su padre que no expresa abiertamente. Algunos de los pasajes más memorables y aclamados de la novela involucran a Iván, incluyendo el capítulo “La Rebeldía” y “El Gran Inquisidor”. Capítulos en los que el presente trabajo se centrará. Iván es un personaje enigmático, desde su temprana edad se mostró reservado, apagado y confinado en sí mismo, sin embargo nada tímido, una persona brillante en los estudios, vivió alejado de su familia, y a muy temprana edad conoció las desdichas del mundo. Es, probablemente, en el carácter de Iván donde vemos un génesis en la antipatía que tiene para con Dios. Su propia experiencia, el sentirse abandonado y falta de amor, un padre del que sentía despreció, el único padre que tenía, no es de sorprender que al pensar en Dios como padre pensara en un padre que lo ha arrojado y abandonado en el mundo también. Iván es profundo, no es un simple ateo incrédulo. Es un intelectual escéptico, frío de corazón, calculador y sarcástico. Su martirio es la existencia de Dios. Como biografía no creo poder añadir más.
Alexei Fiódorovich Karamázov (Aliosha). El más pequeño de los hermanos Karamázov, hijo de Fiódor Pávlovich con su segunda esposa, hermano carnal de Iván. En el capítulo de apertura el narrador lo proclama como el héroe de la novela. Al principio de los acontecimientos narrados en la historia Aliosha es un aprendiz en el monasterio local. De esta manera Aliosha actúa como equilibrio al ateísmo de su hermano Iván. El monje principal lo envía a la ciudad y posteriormente se enreda en los míseros detalles de la disfunción de su familia.[6]

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