lunes 2 de junio de 2008

Ayer desperté y te amé

He despertado con las alas rotas. Sueños en lo que me besabas, juntos nos cobijamos en las nubes, y al despertar encontrarme nuevamente sólo. Te recuerdo a cada instante con tus cabellos castaños, tus ojos de miel y tus labios finos. Esperar por verte, por escuchar tu risa, tu hermosa risa que me sustrae y me hace soñar en un mundo de fantasía y encanto. Te amo. Amo el tiempo y el espacio que hay entre nosotros y que hay con nosotros, amo el sonido del celular o del teléfono de la casa y pensar que podrías ser tú, hacer una sonrisa mustia al saber que la llamada no es para mí, amo imaginar que tú te miras a mi lado en pequeños momentos de clases y de recreación, amo abrir mi mail y tener la rica sensación de que encontraré un correo tuyo, amo teclear los números de tu teléfono y esperar a que tu contestes, al igual que estar atento que inicies sesión en el Messenger, leer un Hola! Eso es felicidad; amo despertar y pensar en ti inmediatamente, amo que llegue la noche pues no aguanto más sin estar contigo y es sólo en sueños dónde te veo y nos recreo juntos. Amo el instante en que estamos juntos, como si nos hiciéramos eternos en un instante de abrazo. Y cuando me besas ¡qué decir de tus besos! Miro tu sonrisa y los días son más hermosos, el reflejo de mi rostro en tus lindos ojos es el momento de mi perfección, acariciar tu nariz con la mía es la delicia del sentido. Quiero ser contigo. Amo cuando me abrazas con aquellos brazos que envuelven y asfixian en un alucinante y delicioso perfume que recorre y expulsan tus cabellos. Amo nuestro silencio, y nuestras conversaciones. Me aferro a tus ausencias y al bello cuerpo que posees. Amo oír tu voz a lo lejos, escucharte de cerca, poner atención a tus palabras, pensarte de frente, discutir y disertar, amo tus ideas, ideales, ideologías e idearios, amo tus pensamientos, tu conocimiento, tu ignorancia, tu opinión y tu juicio científico; amo tus lecturas, tus películas, tus canciones, tus idiomas, tus trabajos, tus pasiones, tus deseos, amo tus disgustos, tus enojos, tus hastíos; te amo si odias, te amo aún si lastimas, te amo si estimas, te amo si quieres, te amo si amas. Pero te amo, a ti toda, plena y absolutamente tú. Tú eres lo que la vida me ha donado. La única razón para amarte eres tú, sin tu presencia la luz de mi alma es obscuridad, es vacío y tinieblas. Te amo, necesito de tu amor como el cielo nocturno necesita de la luz lunar para ser bello. Te amo porque sobran las razones. No busques ni motivos ni por qué; pero si me lo preguntas mira tu imagen reflejada en el espejo de mi ser y ahí encontrarás la respuesta, y con lo mucho que mi corazón late por ti, espero que me ames. Estoy enamorado de ti y doy gracias totales. Te doy gracias a ti, al cosmos, a la bellamente verde y azul naturaleza, a los dioses, a Dios por encontrarte, porque no sé a quién dar gracias más que a alguien que desborda éste sentimiento tan bello que tengo por ti, de ti y hacia ti. Gracias por recibir este amor que te obsequio; por aceptarme plena, total y absolutamente en tus brazos, en tu pecho, entre tus piernas. Gracias porque nuestros corazones laten juntos. Gracias porque me has acogido en tus pensamientos, en tus imágenes y en tu memoria; gracias por amar mi esencia y mi existencia, y aún mi ausencia. Por agradecer al Otro por conocerme. Ya estás aquí, tú estás en mí y yo en ti, ahora sólo falta esperar a que salgan el sol, las nubes, la luna y las estrellas, esperar a que el día pase, a que la noche culmine en éxtasis de cometas. Miro finalmente tu rostro y te digo amor, amor mío, mi amor. Te amo.