“…mi propósito no es el de enseñar aquí el método que cada cual debe seguir para guiar acertadamente su razón, sino solamente el de mostrar de qué manera he tratado de guiar la mía”. René Descartes
Las Reglas de Método de René Descartes
En mi opinión es importante resaltar las reglas del método y la duda metódica porque generalmente, cuando pensamos en el método cartesiano viene a nosotros la cita “je pense, dunc je suis” o su versión latina “cogito, ergo sum”. No nos detenemos lo suficiente a pensar en que las cuatro principales reglas del método cartesiano y la duda metódica son la base de todo lo que vendrá después: la certeza del cogito, Dios, el mundo, el hombre…
Conviene destacar también el matematicismo del método y analizaré si es posible que las reglas del método -basadas en las matemáticas y la geometría- y la duda metódica puedan ser bases para toda ciencia. Ésa será la pregunta que trataré de responder en el siguiente texto.
La palabra método se entiende de diversas maneras: como una manera de decir o hacer con orden; una manera de obrar o proceder; un hábito o costumbre que cada uno tiene y observa; un procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla, por ejemplo. Etimológicamente “método” significa “en el camino”. Seguramente René Descartes entendió muy bien estas acepciones, pero ofrece su propia caracterización: “por método entiendo una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que todo aquel que las observe exactamente no tome nunca algo falso por verdadero, y, sin gasto alguno de esfuerzo mental, sino por incrementar su conocimiento paso a paso, llegue a una verdadera comprensión de todas aquellas cosas que no sobrepasen su capacidad”. Se ve claramente la necesidad de Descartes de adquirir ciertas normas que lo ayuden, pero deben ser normas sencillas pues ya la búsqueda del conocimiento es suficientemente complicada, y deben ser tomadas puntualmente, de lo contrario podrían no resultar. Estas normas del método deben incrementar el conocimiento poco a poco, y aunque podría haber dificultades insuperables, ése será nuestro límite, del cual debemos sacarle mejor provecho que permita contribuir para el crecimiento de las ciencias ya que, en palabras de Descartes, “más vale optar por una honrosa retirada o abandonar el juego antes que exponerse a una muerte segura”.
Descartes plantea que la mente humana necesita de una guía, de normas, un método que la ayude a errar lo menos posible. Hay pues una clara preocupación por dirigir la razón. Descartes desarrolla un método, pero no impone sino que propone el suyo y lo presenta a título personal. Lo que busca en última instancia es distinguir lo verdadero de lo falso a través de un orden mental sobre las cosas.
Descartes estaba inconforme con los conocimientos aprendidos por él hasta ese momento, por eso decide viajar y conocer distintas culturas en busca de la verdad. Después de ello y de sentirse perdido y no encontrar algo que le asegure un conocimiento cierto se decide a crear un método con el objetivo de ayudar a su vida y de obtener un conocimiento auténtico. Descartes ve la necesidad de que se construya con cimientos nuevos y fuertes el conocimiento, una máxima nos dice: “No quiero ni siquiera saber si antes de mí hubo otro hombre”, estaba determinado a empezar desde el principio, a hacer borrón y cuenta nueva.
Para la época de Descartes, las matemáticas habían alcanzado gran importancia en la dinámica del conocimiento, a tal grado que muchos -ya que estaba en boga- pensaban junto con Descartes que el método matemático era adecuado para adquirir conocimientos verdaderos. Llega a concluir que la mejor manera de llegar a conceptos ciertos es a través del método matemático, concretamente el de la geometría. El método habitúa al ingenio a pensar bien y a perfeccionar la razón, a transitar por un camino seguro. Pensaba que si un método funcionaba perfectamente bien para una ciencia, debía servir para todas.
Descartes plantea, pues, algunas reglas para acercarse a tener un conocimiento cierto, claro, distinto y verdadero, las reglas están basadas en un método matemático, como veremos. Las reglas son las siguientes:
1.- “No admitir cosa alguna como verdadera si no se la había conocido evidentemente como tal. Es decir, debía evitar con todo cuidado la precipitación, admitiendo exclusivamente en mis juicios aquello que se presentara tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviera motivo alguno de ponerlo en duda”. Evidentemente ésta regla está motivada por el descontento de Descartes y porque se siente extraviado en el conocimiento que ha adquirido y que aprendió en La Flèche. De manera que busca desprenderse de todo lo que hasta entonces pensaba como conocimiento cierto para poder arriesgarse a buscar principios que le proporcionen un conocimiento firme. Es de notar lo extraño que es para alguien de la época de Descartes no sentirse satisfecho por los conocimientos aprendidos en su universidad, especialmente si sabemos que las escuelas Jesuitas han gozado de gran prestigio. Lo que podemos inferir es que el contexto en el que se encuentra Descartes es un contexto de escepticismo, de confusión y de duda, difundido por filósofos como Montaigne.
2.- El segundo precepto aconseja: “dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas parcelas como fuera posible para resolverlas más fácilmente”. Aquí empezamos a ver un cierto matematicismo, pues al igual que en las ciencias matemáticas es necesario ir separando poco a poco los datos, es lo que conocemos como el paso analítico.
3.- El tercero consiste en: “conducir por orden mis reflexiones comenzando por los objetos más simples y más fácilmente cognoscibles, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo inclusive un orden entre aquellos que no se preceden naturalmente los unos a los otros”. Sin orden, el proceder sería caótico y los resultados no serían fiables. Cuando realizamos ejercicios matemáticos vemos cómo el orden es importante, ya que en muchos casos el orden de los factores sí puede alterar el resultado, especialmente en ejercicios de corte geométrico.
4.- La última regla dicta: “realizar recuentos tan completos y revisiones tan amplias que pudiese estar seguro de no omitir nada”. Esto es lo que llamaríamos síntesis, verificar resultados.
De cierta manera advertimos que el proceder de Descartes es un procedimiento que todos realizamos de manera continua y casi sin percatarnos de ello; es también una manera de cómo realizamos ejercicios matemáticos. Si recordamos cómo hacemos algunos ejercicios, como los de geometría cartesiana, vemos cómo primero procedemos dividiendo los datos que tenemos, venimos de los más sencillos a los más complejos, ordenamos los datos, sacamos resultados y verificamos.
Para Descartes se trata de reglas que deben ser guía de todas las ciencias. Son reglas universales y muy afines al proceder matemático. Es fácil detenerse y observar como Descartes está sumergido en un “pan-matematismo” propio de la época en que se piensa que las ciencias matemáticas, su método, es el correcto para llegar a conocimientos verdaderos. Ya para el periodo en que vivía Descartes se tenía como premisa de una nueva ciencia que las matemática es el lenguaje de la naturaleza, que todo puede representarse y entenderse con números, y que al graficar cualquier sistema surgen patrones, es decir, hay patrones en toda la naturaleza y las matemáticas podrían expresarlos. Lo que probablemente buscaba Descartes era un patrón, un modelo que sirve de muestra para sacar otra cosa igual, para usarlo en todas las ciencias. Pero aquí encontramos un problema, el método matemático para las ciencias exactas está muy bien, pero no podemos usar el método matemático en todas las ciencias. Pero esta ambición cartesiana lleva a ver a todas las ciencias como una, por lo que al tratar las ciencias o las conocemos todas o las ignoramos todas, pero no cabe la especialización; a diferencia de nuestra época en que la especialización es lo que cuenta. Y si conocemos alguna ciencia debe de tener conocimientos absolutamente verdaderos ya que tiene resultados matemáticos. Otra dificultad es que hay ciencias, como las humanistas, que no pueden tratarse numéricamente, tales como la ética, la medicina, la metafísica, el psicoanálisis. Descartes logra llegar al cogito a través de sus reglas basadas en las matemáticas como un principio, pero no logra fundamentar este principio, ya que el principio de ellas debería de ser el mismo cogito.
De alguna manera Descartes retoma lo que ya antes había dicho Pitágoras, “que el cosmos está hecho de números”, o lo que su amigo Galileo dice: “que la naturaleza está escrita en lenguaje matemático”, de manera que el universo parece sencillo y ordenado; pero lo que vemos en el universo es que hay diversas actividades que no se repiten, ni tiene un patrón sino un sinfín de posibilidades. La realidad es que el universo es complejo y el mundo no puede reducirse a las matemáticas. No existe un patrón sencillo como Descartes lo imaginaba. Pero, por otro lado, vemos que esas posibilidades se van reduciendo y se asume un orden en cada cosa, incluso un patrón. Quizá el problema con Descartes fue elegir como patrón un modelo matemático que lo obsesionó y lo quiso trasladar a las demás ciencias.
Es notable el hecho de que Descartes buscaba el bienestar de todas las ciencias, ya que pensaba que las distintas ciencias debían de tener una unidad, para así tener un solo método o, dicho de otra manera, el método determina que todas las ciencias son una. También puede decirse que Descartes busca una purga porque para el las ciencias estaban muy adulteradas, están llenas de máscaras que impiden la contemplación de la verdad. Finalmente, las reglas ayudarán a obtener una certeza en lo que deseamos conocer, ¿y que más quería Descartes que entender el mundo?
La Duda Metódica
No podemos terminar simplemente enumerando las reglas del método, hay que examinar la duda metódica o hiperbólica que se relaciona con la primera regla del método; esta primera regla, recordemos, sostiene que es necesario no admitir como verdadera cosa alguna a menos que se sepa con claridad y distinción que es verdadera. Es preciso para Descartes borrar todo antecedente que no esté bien fundado, de manera que hay que dudar de todo lo que percibimos por los sentidos ya que estos nos engañan, según un primer planteamiento cartesiano. La duda que propone Descartes no es una duda que sea el conocimiento mismo como en el caso del escepticismo, lo que busca Descartes es superar el escepticismo de la época impulsado por Montaigne, es entonces una duda metódica, es decir, un medio para llegar a un principio evidente.
Las características que podemos apreciar en la duda metódica son principalmente dos:
1.- Universalidad. Hay que cuestionar absolutamente todos los conocimientos y creencias, sin embargo, la duda tiene ciertas limitaciones ya que se dirige hacia el conocimiento teórico, pero no a la vida ética, práctica y religiosa. Éstas son cosas que para Descartes son inalterables y deben de ser observadas y respetadas.
2.- Es exagerada o “hiperbólica”, porque se extiende a todas las ciencias y a toda afirmación sobre las cosas; pero es metódica porque Descartes la inicia no para permanecer en ella, sino para ver si alcanza alguna verdad. La duda supera el escepticismo, se trata pues, de una duda estratégica, y si bien es hiperbólica, es también metódica, ya que se pretende buscar la certeza. La intención de la duda no es que deba quedarse para todo, sino simplemente como paso previo para adquirir un conocimiento lejos de toda duda. Si Descartes parte de la duda lo hace para superar el mismo estado de incertidumbre. Descartes es un filósofo que tras dudar de todo lucha contra el escepticismo. Él mismo piensa que después de sus aportaciones intelectuales, los escépticos ya no tendrán porque dudar.
Podríamos pensar que la duda es un estado de error en el método, ya que es signo de que se encuentra perdido o extraviado. Sin embargo, es precisamente ese estado del que quiere salir Descartes. De hecho no se duda del método, al contrario, la duda se presenta para encontrar el primer principio, el del cogito; nos dice: “Si es verdad que estoy dudando (no puedo dudar de eso) es igualmente verdadero que estoy pensando porque ¿qué es dudar sino pensar en alguna forma?... Yo existo y conozco ese hecho porque estoy dudando y su dudo es porque estoy pensando, y si pienso, existo”. Desde mi punto de vista la duda en Descartes no es un error en el conocimiento, además, si consideramos a la duda como suspensión voluntaria y transitoria del juicio para dar espacio y tiempo al espíritu a fin de que coordine todas sus ideas y todos sus conocimientos, no habría que considerar el error.
La duda ciertamente se puede emplear en todas las ciencias, de hecho, es con una pregunta como se comienza la investigación y el conocimiento que deseamos alcanzar. Ya sea en la biología, en la medicina, en la metafísica, en el psicoanálisis o en cualquier otra ciencia el primer paso lo damos porque ignoramos cierto conocimiento o bien porque dudamos de la autenticidad del mismo o de algún otro. La duda es un impulso para el conocimiento. Ahora bien, no debemos dudar ya del conocimiento cierto que tenemos porque habría infinidad de dudas y la duda no acabaría, al contrario, debemos emplearla como Descartes, sólo como un paso previo para salir del estado de irresolución y alcanzar un conocimiento seguro. Así mismo la duda no siempre es el principio, puede ser a mitad de algo; de hecho, la duda que emplea Descartes está a mitad de un camino que él ha recorrido: el camino de su vida intelectual.
¿Qué reflexión nos deja René Descartes y las reglas de su método y la duda metódica? La primera reflexión que se nos presenta es que tenemos a un hombre preocupado y ocupado por el conocimiento de la verdad, que en su desesperación por estar perdido en el frondoso y fructífero bosque que ha dejado la escolástica, decide abrir vereda para llegar a la cima del conocimiento.
También podemos reflexionar acerca de los métodos actuales en la educación, si bien el método cartesiano no es un método pedagógico, es verdad que es un método que busca la aproximación a la verdad por caminos más sencillos. Es gracias al método cartesiano como Descartes descubre ciertos conocimientos, empezando por la duda como base del método: el cogito, la existencia de Dios, del mundo, del alma (res cogitans), del cuerpo (res extensa) y de la relación entre estos últimos. El método y sus reglas le sirvieron muy bien a Descartes y nos siguen sirviendo hoy, si bien no en el mismo sentido en que Descartes lo usó, hoy tenemos nuevas problemáticas que el método cartesiano abrió. El método tiene una función de instrucción respecto a todo conocimiento y es el punto de partida de la nueva filosofía que inaugura Descartes.
El mismo método tiene sus dificultades, como el matematicismo y la unidad de las ciencias. Descartes nos dice que es posible equivocarse. Uno de los problemas del método cartesiano como método matemático universal es que cada ciencia debe de adquirir su método propio, no es posible unificar todos los métodos de las ciencias, aunque desde mi particular punto de vista las reglas que Descartes plantea son reglas fundamentales, que quizá todos emplean, pero fue Descartes quien las escribió para la posteridad y para que no olvidemos que para alcanzar un conocimiento cierto, claro, distinto y verdadero hay que empezar por el principio, edificando cimientos sólidos, pero sin descuidar los conocimientos antes adquiridos.
Evidentemente, no cabe emplear el método matemático para las ciencias humanas, ya que éstas no se ocupan de las cosas extensas. Y aunque la filosofía aspira a leyes universales, se debe de reconocer la gran multiplicidad de seres y que la filosofía no puede responder a todo. Descartes mismo no pudo responder, acepta las críticas que se le imponen y propone por ello crear una comunidad de investigadores y filósofos que busquen dar solución a los problemas intelectuales. Descartes se percata de que él solo no puede terminar su empresa, es posiblemente un reconocimiento, muy discreto, de que si se necesita de varios es porque hay varias ciencias.
Hemos visto la importancia de la duda metódica en Descartes y como en la actualidad se usa, es la duda que incluso los niños tienen, una duda de curiosidad, un impulso por conocer, por salir de la incertidumbre en la que se encuentra. A diferencia de las matemáticas, la duda sí puede emplearse y se emplea para acercarse a la verdad. Cabría decir que la duda no es un buen comienzo, lo ideal sería partir de datos evidentes para llegar a datos más ciertos. La duda es una vivencia de incertidumbre y no es conocimiento, pero podemos sacar provecho tal como lo hizo Descartes como punto de partida para después no tener razones de dudar.
Viene pues la pregunta: ¿qué método es el ideal para hacer hoy filosofía? ¿Qué método y reglas son las adecuadas? El mismo René Descartes nos dice que él propone un método, que cada quien lo puede tomar o dejar, según su juicio cada quien posee un método y normas propias; pero él cree que echarle una mirada al suyo vendría bien porque a él le sirvió.
Si analizamos cómo podría servirnos hoy el método cartesiano, vemos con tristeza cómo en muchas instituciones educativas los métodos son lo que menos importa, se privilegia la tecnología, y son las computadores las que aparentemente realizan el método cartesiano (analizan, ordenan y sintetizan). Para Descartes el método debe de ser parte de la vida (el orden, el análisis, la síntesis).
Se habla mucho de métodos, de nuevos métodos que ayuden al descubrimiento de nuevas y mejores manera de vivir, como la PNL, por ejemplo, y muchos otros. Pero Descartes quería un método que lo ayude al descubrimiento de la verdad, no de verdades relativas. Tristemente del método y sus reglas ya sólo nos va quedando el nombre. Porque ciertamente ¿de que sirve una actividad si no es observada? O ¿de qué sirve observar una actividad si no es practicada? Las reglas del método, su aplicación a las ciencias, a la vida, constituyen una de las propuestas de René Descartes para todo aquel que está dispuesto a encontrar la verdad. La persona le da el significado a las actividades, le da un significado a la aplicación correcta de las normas del método, de manera que su vida, su razón, vaya adquiriendo práctica y se vaya habituando poco a poco al conocimiento porque “todas las verdades pueden ser percibidas claramente, pero no por todos, a causa de los prejuicios” nos recuerda Descartes.
Se le reconoce a Descartes plenamente por tomar la iniciativa que dio paso a la gran revolución intelectual que se presentó posteriormente en el ámbito científico y filosófico del Renacimiento y de la Época Moderna. No estoy diciendo que en la Edad Media no hubo nada de esto, al contrario, leyendo a Descartes uno puede cerciorase de que en los casi mil años de Edad Media hubo un gran adelanto intelectual, ¿qué fruto hubiera dado Descartes sin las raíces, el tronco y las ramas que lo sostuvieron?, él mismo lo reconoció: “la enredadera no llega más arriba que los árboles que la sostienen”.
Es este esfuerzo de Descartes, su método y sus normas y su duda metódica los que lo han hecho inmortal y pieza clave para entender la modernidad e incluso la época contemporánea. Bien es cierto que hubo grandes en su época como Montaigne, Bacon o los incipientes Malebranche, Spinoza y Locke; pero la claridad con que Descartes nos presenta y se lanza a la conquista de sus ideales es lo que le da un lugar importante en la filosofía de todos los tiempos. Las veredas que abrió son hoy cimientos, aunque también trajo muchas ambigüedades y ciertas confusiones, pero volvemos a la duda, dudamos incluso de lo que Descartes nos dejó, y es gracias a esto como nuevas mentes, que inventan métodos o que re-inventan el método cartesiano, se lanzan al conocimiento, a la profundización e interiorización que ayudará a entender mejor el cosmos y ¿por qué no? a alcanzar la felicidad llegando a la verdad, porque podemos entender que las reglas del método son, al final, unas pautas para ser feliz.
Referencias
1. CARPENTIER, Alejo, El Recurso del Método (Novela), Editorial Siglo XXI, México 1975, 343 pp.
2. COTTINGHAM, John, Descartes, Editorial U.N.A.M. México, 1995, pp. 43-71
3. DESCARTES, René, El Discurso del Método, Editorial Diana, España, 2001, 102 pp.
4. GILSON, Étienne, La Unidad de la Experiencia Filosófica, RIALP, Madrid, 1998, pp. 113-190
5. SAINZ SANTACRUZ, Víctor, Historia de la Filosofía Moderna, Ed. EUNSA, España, 1998, pp. 39-78
6. Compendio de historia de la filosofía moderna, Descartes

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