domingo 20 de julio de 2008

"Cartas" II Parte

Ahora que salen a flote las viejas cartas y los recuerdos de aquellos años en casa de mi padre repaso con gran agrado a los vecinos de la casa de enfrente; una familia muy acogedora con un hijo de nombre Antonio de unos 18 años y una hija de 13 años de nombre Ana. Ana y yo pasábamos horas jugando en el jardín de su casa correteando las ardillas, subiendo los árboles, jugando a las escondidas y, a veces, a tomar el té. Creo que ella fue mi primer amor, era una edad muy corta pero vivimos nuestra amistad intensamente, nos sentíamos como dos pequeños adultos que sólo añoraban vivir apasionadamente y lo más serio posible los juegos de infancia. Su casa era grande y muy bella, la puerta siempre abierta otorgaba a la vista un espectáculo lleno de movimiento y colorido, pues atrás de la casa se encontraba la fábrica de hilados por lo que en la entrada, con su largo pasillo, estaba llena de cajas con molotes de hilo multicolores, en la orilla plantas y flores y decenas de empleados transportando los hilos en los diablitos o en las carretillas. Algunas veces nos metíamos a las bodegas a jugar entre las pacas de lana o sencillamente a jugar con el balón, brincar en el viejo trampolín de su padre o nadar en la pequeña alberca detrás del jardín. Otras veces comía en su comedor que tanto me gustaba, sus candelabros hermosos, un antiguo reloj de piso y que tocaba campanas cada treinta minutos y los grandes muebles con acabados que siempre degustaron mis sentidos de la vista y el tacto. Aquella época era de abundancia y de grandes fiestas que llenaban mi soledad, extrañaba a mi madre y mi padre nunca fue bueno en su relación conmigo, su orgullo siempre fue mi hermano Rafa por quien sacrificó todo por sus estudios médicos en París. Con mi madre extrañaba yo tanto sus lecturas nocturnas, sus pláticas de café en compañía de sus amigos filósofos y su amiga escritora de pequeñas epístolas para la audiencia más exigente de la política de entonces tan desquebrajada como siempre. Extrañaba a profundidad todos aquellos momentos con mi madre, el juego de dominó, las cartas y los rompecabezas, por lo que los protocolos de las fiestas en casa de Ana siempre fueron un buen momento para continuar sólo en medio de la multitud. La corbata y el disfraz me provocaban urticaria que era aligerada con los saludos de “Francisco José, mucho gusto”, hasta que llegaba Ana; ¡Paquito! –me decía- y me tiraba de la manga para escabullirnos por debajo de las largas mesas y molestar las medias y tobillos de los comensales. Una noche que festejaban el cumpleaños de la señora Rosa, la mamá de Ana, comíamos bajo la mesa un pequeño trozo de pastel, teníamos la boca llena de merengue y nos dimos un pequeño beso, comenzamos a reír porque le gente comenzó a aplaudir en medio de nuestra inocente travesura, había concluido el brindis de Don Mauricio, el papá de Ana. Pasaron así algunos años maravillosos. De ella no supe qué fue cuando mudo de casa a los tres años de aquella noche cuando se fue a estudiar lejos, siempre la voy a recordar y extrañar inmensamente, los primeros años en aquella ciudad habrían sido insoportables sin su ternura, su cariño y amistad.

Pero volviendo a la razón por la que comencé éste pequeño diario, recuerdo que la semana pasada les transcribí la primera de las cartas que encontré aquella tarde de Septiembre a mis 13 o 15 años y que tanto Ana como yo leímos ávidamente y comentamos y fantaseamos sobre aquellos niños, volver a aquellos momentos es siempre una sensación de volar a los ojos de Ana y a aquella casa en Oaxaca, aquella casa de los pequeños infantes que sembraron las cartas en el piso de mi habitación de aquel tiempo, respirar y oler las viejas cartas, ver y mirar la letra torcida y casi indescifrable de su padre, todo es un momento indescriptible, emoción, aventura y angustia es volver al pasado, pero somos nuestro pasado guardado como aquellas cartas en el bello baúl de los recuerdos, la memoria. Qué miedo cuando miramos atrás y encontramos aquello que nos ha perseguido, aquel viejo fantasma…

La segunda carta del padre está fechada en Octubre 29 de 1908 y dice así:

Querida hija:

Acabo de recibir tu carta y me alegra mucho la forma que tienes hasta de platicarme, lo cual significa que se te ha quitado un poco lo modorra, ya que antes te costaba trabajo explicarte como ahora lo haces. Si cuando vuelvas a estar aquí en casa no te veo lo abusada que ahora me pareces, tendré que mandarte seguido al extranjero a fin de que se te despierte el coco. Bueno eso es de broma, porque yo espero que lo que bien puedas aprender jamás se te podrá olvidar, y estoy muy contento de que tomes tus clases de inglés con muchas ganas que eso es todo para que cualquier cosa por difícil que se te haga, tú con tu voluntad podrás vencer cualquier problema por grande que éste fuera.

Gracias por tu recomendación sobre tu hermano Adolfo y Porfirio, y en vista de que no escarmentaron con la primera ocasión que castigué a Adolfo, hoy otra vez tuve que castigar a los 2 y además de quitarles los zapatos llevan como 4 días en la casa que no salen, en vista de que le agarraron un aborrecimiento especial al piano, Porfirio incluso estuvo un día abajo en el despacho haciendo bultos, pero repito, sin zapatos. Así pasaron 3 días cuando se portaron tan terriblemente mal con Josefa, que me vi precisado a ponerle una bofetada a cada uno pero ya enojado, nada de cariños, y ya les dije que en vista de que no deseo golpearlos, que sería preferible que se fueran de internos y en esas andamos pues ya no sé qué hacer. ¿Verdad que por haber sido tan consentidor es por lo que tus hermanos no le guardan respeto a Josefita y hasta a mí mismo puesto que no me obedecen? Procuraré ya no serlo, y haber si las cosas se componen, naturalmente en beneficio de tus hermanos porque éstos parece que no quieren entenderlo así; ¿O a caso es el beneficio para mí?

Bueno, basta ya de tantas quejas, y sólo te chismeo lo anterior en vista de que hay pocas cosas que platicarte. Ya vienen algunas festividades de los pueblos en donde pondremos algunas mercancías, algo elegante y ya le sacaremos una fotografía para que cuando vengas puedas ver que ahora sí “Factoría de san José” no brilló por su ausencia, y desde luego también creo que haré unas peleas de gallos, que espero en Dios que no me las ganen, o por lo menos que no me ganen todas. De las charreadas, jaripeos, toros y de esas cosas que luego a veces por no tener tiempo no iré, yo creo que podrán platicártelo mejor tus hermanos con mayores detalles y en fin, pasando a otro asunto sobre el tiempo, aquí ha llovido mucho, se sabe que en muchas partes ha habido grandes calamidades, y que también ya comienza a hacer en las noches bastante frío pero todavía no tan fuerte como el de otros años.

No dejes de estudiar fuerte el inglés, aunque parezca que te vuelves loca sin entender a nadie, pero ya verás que en poco tiempo fácilmente te podrás dar a entender y no te intimidarás para hablar con cualquiera ése idioma. Hágame caso o también habrá palizas. Por lo tanto ya para terminar ésta, te mando una paliza de besos y abrazos con mucho cariño.

Tu papá.

Sr. Don José María Zavala González

Hasta aquí la segunda carta, y por hoy es suficiente, sólo basta decir aquello que sé desde el primer momento en que las leí, que hay mucho que esclarecer en estas cartas, y creo que jamás me quedará claro saber más de esta familia, confío en que ahora despeje dudas y tenga mayor certeza sobre el porvenir de estos pequeños, tengo mucha esperanza en ello. Ahora saldré a fumar un cigarrillo y beber una pequeña taza de café turco mientras contemplo el hermoso cielo nocturno, cuánto bien para el alma es dejarse cautivar por las estrellas y la Luna, sólo frente a la Luna.

2 comentarios:

Jorge Alejandro Espinosa dijo...

"somos nuestro pasado guardado como aquellas cartas en el bello baúl de los recuerdos, la memoria."Somos nuestro pasado guardado...me gusta, muy sartriano. Inevitable recordar Tlaxcala, esto se esta poniendo bueno. Me asombra que el protagonista leyera a Dumas y Dostoievsky a los 13 o 15 años jejeje, juraría que fue eso lo que desperto su espíritu literario. muy bueno, bueno.

de paso, me encanto la música, te la voy a copiar jaja

coronita dania dijo...

Bastante bueno, debo confesar que me encanta. Cada letra me produce más y más el interés en continuar leyendo. Me hace sentir esa amistad, la casa de Ana, en mi boca sentí el merengue y lo saboreé. Y el papa de Elisa; ¡¡A que chismosito!!=) ¡¡Buenísimo!! Tu blog me vera seguido...