“La libertad de expresión”
De V. Maiakowski, poeta soviético, 1893-1930
De V. Maiakowski, poeta soviético, 1893-1930
La primera noche
ellos se acercan y cogen una flor
de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche
ya no se esconden
pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día
el más frágil de ellos
entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna, y
conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
ya no podemos decir nada.
La vivencia de la libertad de expresión es la vivencia de aquellas personas creadoras y recreadoras del mundo y de la realidad; personas que aportan al mundo algo nuevo. El peligro que se corre a diario al buscar dejar algo, la verdad, impresa o plasmada en la realidad para la posteridad, es el que amordacen el don y el derecho natural de la libertad de expresión, que no es otra cosa que invención, imaginar y volar, la necesidad de salir del ‘yo’ para trasladarse a un ‘tu’, eso se debe a que al afirmar o negar algo (libertad) me descubro a mí mismo y en consecuencia a los otros, ya que “bien mirado no somos, nunca somos a solas sino vértigo y vacío, muecas en el espejo, horror y vómito, nunca la vida es nuestra, es de los otros, la vida no es de nadie, todos somos la vida… los actos míos son más míos si son también de todos, para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”[1]; y aún así nadie puede coartar la libertad de expresión excepto uno mismo. Por eso nos es fácil imaginar lo trágico que es cuando dicha libertad se ve cercenada, sin ella todas las demás libertades mueren también.
Así vemos ahora con la prensa actual, que más allá de coartar la libertad de expresión la deforma junto con la realidad. Parafraseando a Octavio Paz podemos decir que nuestra ficticia vida universitaria sería incompleta si no tuviéramos una libertad de prensa igualmente ficticia. Teóricamente nuestro periódico puede decir lo que quiere. Prácticamente dice lo que puede. Cuánta verdad encontramos en estas líneas, líneas que se ven reflejadas en los cientos de periódicos de diversas instituciones que no ofrecen otra cosa más que propaganda y poca crítica.
Hay que entender que el periodismo no es hablar siempre bien de algo o de alguien, es mostrar la realidad tal y como es, sin maquillaje. El periodismo es el mayor garante de libertad, desvirtuado no hay libertad. El periodismo es la mejor herramienta para que la sociedad mejore sus sistemas. Pero es precisamente porque garantiza la verdad que se le ha amordazado, censurado, se abusa del control de información para que el pueblo lea lo que ellos quieren que se lea. Se puede evaluar la sanidad de una institución valorando las diversas opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico –hoy tan fuera de moda- de los medios de comunicación. Debe de frenarse cualquier intento por restringir la libertad de expresión y así mismo evitar el sensacionalismo.
¿Qué se necesita? Se necesitan más medios de comunicación independientes, los medios por sí solos se vuelven de la gente en la medida en que sean independientes totalmente. En dicha libertad habrá medios distintos que apuesten entre ellos defendiendo puntos de vista diferentes.
Cuando la libertad de expresión se coarta las demás libertades quedan amenazadas. La libertad de expresión y de prensa es el instrumento más importante para que una institución, comunidad o sociedad mantenga un espíritu de pluralidad vivo. La libertad de expresión y prensa es entonces garante de un buen sistema sano que funcione de la mano y para la comunidad de la que ha sido fruto.
[1] Octavio Paz, Piedra de Sol


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