domingo 17 de agosto de 2008

"Cartas" VI Parte

Mis recuerdos de la casa de mi padre son bastante caóticos, jamás me sentí plenamente tranquilo salvo cuando estaba sólo inmerso en mis libros, escribiendo algunas cartas o escuchando a Mozart, Beethoven o Wagner y cuando papá se encontraba lejos. Me duele decirlo pero es una realidad que nunca logré contener; por alguna extraña razón la presencia de papá en casa siempre perturbó mi ansiada paz y armonía. Para mí la casa era y es siempre un espacio de convivencia, de esparcimiento familiar y de alegrías pasajeras en algunas babosadas expresadas por los miembros familiares; aquello siempre fue una enseñanza de mi madre, ella jamás permitió que en casa se hablara de negocios, de impuestos, del trabajo, por el contrario, en casa se armaban rompecabezas, se jugaban cartas, ajedrez o dominó, se pintaba al óleo, se escuchaba el “Canon en Re Mayor” de Johann Pachelbel, o sencillamente nos sentábamos al jardín a escuchar alguna lectura de mi madre. Aquello me perecía algo tan necesario como el respirar un aire fresco, puro y tranquilo en el campo después de una agitada semana en que despertabas todos los días a muy tempranas horas de la mañana con el silbato del cambio de turno de los obreros y, enseguida, las campanas de la misa de siete. Cuando mamá murió pareciera que la casa se volvió el centro de negocios, la oficina de mi padre; por lo que no había ni un segundo de paz que gozar. En cualquier momento tocaban la puerta, ya fuera algún empleado, algún cliente, un vendedor o un socio del negocio, pero no había minuto de descanso para que dejaran de sonar los llamados a la puerta. Podía ser en la mañana, a la hora de la comida y, a veces, ya muy avanzadas horas de la noche, me ilusionaba vivir en lo más alto de alguna torre, donde no existieran ruidos más que el aire, las aves y mis lecturas, pero eso no era posible, por lo que tenía que soportar todos los ruidos, los llamados a la puerta, el perro “Sancho” ladrando, las voces de mi padre con quien hubiera llegado, papá discutiendo con la sirvienta “Chofi” o dándole precisas instrucciones al chofer “Don Martín” para que terminara diciendo: “¡si quiero que salga bien he de hacerlo yo mismo!”; no había momento que papá caminara por la casa y que no expresara alguna nueva indicación: que las flores estaban mal puestas, que a la comida habría que hacerle tales cambios, que se tenía que limpiar el baño inmediatamente, que las habitaciones estaban sucias, que el barandal de las escaleras tenía polvo, que se le habían perdido no sé qué papeles, que su secretaría –doña Margarita- había hecho mal esto y aquello, era toda una sinfonía de la que papá era el maestro de ceremonias de las órdenes, instrucciones y normas sin parar y que se decían y corregían, se rectificaban y volvían a corregir una y otra vez durante todos los días y todas las horas sin descanso, así empezara a bajar las escaleras para salir de la casa no había escalón en que no dijera nuevas instrucciones, que había olvidado los lentes, que necesitaba un depósito en el Banco, que le bajaran inmediatamente su abrigo, que mejor no fuera a la recaudería y sí mejor a dejar algún pedido… interminable, era aún la hora de la comida y era casi imposible tener una plática real con papá, apenas comenzaba a contar qué tal había estado mi día cuando sin más me interrumpía dando una nueva instrucción u opinión a la servidumbre, verdaderamente sentía que no me ponía atención, finalmente volteaba a preguntarme que qué le estaba diciendo para que la situación se repitiera indefinidamente hasta que terminaba la hora de la comida en que yo decía: "gracias a Dios" y volvía a mi alcoba, a refugiarme con aquellos personajes que respetaban su línea, su diálogo y yo los dirigía.

Ahora caigo en la cuenta de que he tomado éste proyecto de exponer las cartas que encontré en mi alcoba hace tantos años como un diario de mi pasado, bueno, quizás sirva de algo para quien lo encuentre en el futuro y, quizás, haga lo mismo que yo.

La sexta carta está fechada el 9 de Febrero de 1909 y pertenece al grupo de las tres cartas enviadas por el hermano de Elisa, Adolfo. Estas cartas son más difíciles de leer por la ilegibilidad de la letra, pero haciendo un esfuerzo grato dice así:

Elisa. Espero que te encuentres bien. Yo aquí pues mejor que la vez pasada. Fíjate que no te he podido escribir pues primero porque estuvimos vendiendo los borregos para comprar otros mejores, y después por la fiesta del cumpleaños de mi papá, y luego por las calificaciones. Tú estudia para que aprendas rápido para que no se enoje mi papá ni las vuelva a mandar lejos. Pues fíjate que ahora saqué buenas calificaciones y no me castigaron. Y a ver si me mandan cartas más grandes porque esas insignificancias no me gustan, a ustedes no les gustaría ¿verdad? Bueno Elisa, es todo lo que te tengo que escribir porque no tengo mucho.

Tu hermano Adolfo.
Escríbeme más.

Ésta pequeñísima carta me hace reír por la ironía de que Adolfo se queja por las cartas de Elisa tan cortas cuando la suya es tan pequeña que si acaso tiene importancia de ser transcrita; sin embargo me parece tan bello el imaginar a éste pequeño chicuelo con su hermano vendiendo los animales para sacar algún provecho y negocio, además su nívea preocupación por tener a Elisa cerca -claro amor el que le profesa- razón por la cual ha de sacar buenas notas y no le suceda lo mismo que a él. Aprovechando, al igual que él me despido, por hoy –no- es suficiente, pero mañana vienen mis nietos y es todo lo que tengo que escribir porque no tengo mucho.

1 comentarios:

Jorge Alejandro Espinosa dijo...

me da gusto que me mandes clientela jejeje, por cierto, cambie mi blog para exponer los cuadros, la nueva dirección es esta: http://lasalvaguardadelarazon.blogspot.com/ se llama igual pero la dirección es distinta, ahora no tiene nada pero ya luego subire fotos, llego a Puebla el sabado, le llegas para que vayamos a comer con abraham y con Román que también andara por allá, por que quizá el mismo sabado o domingo muy temprano ire al DF, nos eswtamos viendo para que platiquemos, ya que saldremos a Cánada el día Lunes. Un saludo a todos.