Lamento sinceramente no haber escrito conforme había sido en un principio, pero no me han faltado visitas y algún pequeño trabajo, con lo cual estoy agradecido, y un viejo dolor en mi estómago me ha acosado estas últimas semanas. Pues bien, he notado que este año le abrieron la puerta, la muerte tiene permiso y anda a lo pendejo. Primero el fallecimiento de la abuelita del gran amigo de mi nieto Xavier, Mario; tristeza y esperanza, alegría y consumación, ahí comenzó éste año; pero quiero ir más atrás. En la historia de mi familia se ha dado mucho la muerte de las mejores personas que hemos tenido, los mejores parientes, los buenos, son los que se han ido, en cambio los demás aquí seguimos en éste valle de lágrimas. Yo me cuestioné durante mucho tiempo el por qué sucedieron las cosas así, pensaba que quizás haya sido algo providencial, pero de ello aún guardo mis dudas; y todo comenzó con la muerte de mi madre, una mujer de carácter fuerte, de una voz que podría dominar a cualquier bestia del campo y la montaña, con una mirada de atención y severidad que causaba una sensación de temor y reverencia al mismo tiempo, de piel morena, de manos teteponas, una maja de gran corazón y de un voluntad implacable, indomable e incorruptible; de un caminar seguro pero siempre en eterna vigilancia, sabedora y poseedora de su reino matriarcal, de ella siempre tuve la discreta sospecha que antes de ser esposa buscaba ser madre por sobre todas las cosas; ella era al comienzo la salvaguarda del hogar y de las llaves del corazón de la familia, dirigía todo con una delicadeza y un arte indefinible, su buen gusto por la literatura y la filosofía, sus comentarios tan atinados para la política, hasta el modo en cómo hacia las compras en el mercado eran un deleite a los ojos, tomar ya sea una verdura o una fruta, mirarla, olerla, su charla con el marchante, todo adquiría un matiz muy a lo Renoir. Años después vino la muerte de mi abuelo Enrique, o papá Quique como nos gustaba llamarle, ¡qué señor aquel! Alto, delgado, de bigote, de poco cabello pero todo un caballero, agradable a los ojos y un gran hombre de familia, adoraba a sus nietos y en especial a mí me tomó gran cariño por haberme quedado tan pequeño huérfano de madre, aquel gran hombre era todo un padre para nosotros, todo lo suyo era nuestro y nosotros de él. Por aquel tiempo había nacido un becerro en el rancho y bastaba con decirle “quiero ése becerro” para que él contestara con dulce voz “sí hijo, y cómo quieres que se llame”; también contaba con un viejo Jeep de dos volantes, por lo que comenzaba una larga discusión con mi hermano y los demás primos sobre quién “manejaría” el Jeep, finalmente era yo quien preguntaba “abuelo, ¿puedo manejar?” y él con toda su ternura me decía “sí hijo, y ¿a dónde quieres ir?”, jamás de los jamases hubo un no como respuesta. Y qué decir de las fiesta en su casa, grandes fiestas que hacían temblar al pueblo entero con los bailes de moda de mis tías y con la gran comida que duraba cerca de tres días; pero aquella bella convivencia duró poco, pues papá Quique falleció muy pronto, y de repente la familia toda se vino abajo. Por un lado agradecí haberme quedado con mi padre, de hecho así debió de ser porque el supo hacerse cargo de mí y de mi hermano y era su deber como padre –ser papá es cosa de hombres, ¿no es acaso lo que dicen?-. Comenzamos a enterarnos por medio del correo y de algunos familiares de las tragedias y todo el drama griego que comenzó al morir mi abuelo, si mamá resucitaba se volvía a morir al ver como sus hermanos comenzaban un pleito que se extendería años y que el destino jugaría una mala pasada ya que haría que en las siguientes generaciones se repitiera bajo circunstancias distintas. Mi tío, el hermano mayor de mamá, comenzó a desatar toda su furia, su ambición y su egoísmo en contra de sus hermanos que, si bien no me toca juzgar, seguramente también debieron de haber hecho lo suyo; lo más despreciable de todo esto es cuando nos avisaron mientras estábamos papá, Rafa y yo en el desayunador de que mi tío había metido a la prisión a sus hermanos varones, mis tías siempre navegaron con bandera blanca y de ellas no supe más salvo una que otra mala jugada. La indignación creció en mi pequeña familia a pasar de ya no tener vínculos tan cercanos con ellos, pero no dejaba de ser un acto que atentaba contra unas personas que, además, eran familia, eran sus hermanos.La séptima carta está fechada el 26 de Febrero de 1909 y dice así:
Querida Elisa:
Ya no he recibido cartas de ustedes, pero yo espero que las mías ya les hayan llegado, principalmente una con la que les envié dinero. Por aquí estamos bien gracias a Dios, y ya me dijeron las señoritas de Don Apolinar García que les escribieron; me da mucho gusto y espero que también le hayan escrito a Don José Oviedo, así como también debes recomendarle a María de que le escriba a su madrina Doña Luz Aurora Victoria.
Adjunto les envío copia de una carta que le he mandado a la Madre para que no tengan problema de que no les proporcionen las clases de música, pues les aseguro de que cuando sean mayores se van a arrepentir de ser unas burras si no saben tocar el piano.
Sus hermanos se han aplicado mucho al piano, lo cual significa que se han convencido de que deben estudiar y cuando ya se forma uno esa conciencia, cualquier esfuerzo en estudios ya no resulta aburrido, así que no dejen de aplicarse, y como no tengo ningún otro chisme les envío un fuerte abrazo y mis bendiciones para las dos.
Sr. Don José María Zavala González
La siguiente es la carta adjunta a la Madre o Monja encargada de la Institución para señoritas.
Respetable Madre:
Me han informado mis hijas que era necesario que yo les escribiera a ustedes con el propósito de insistirles que sean tan amables de proporcionarles clases de música, principalmente piano.
Ruego a Usted que por cuenta mía les sea proporcionado un curso intensivo de esta materia, y ojalá sea con buenos resultados, de lo cual le suplico también su vigilancia para su óptimo aprovechamiento.
Le anticipo las gracias por el favor de su atención, y soy como siempre su Afmo. Atte. y S. S.
Sr. Don José María Zavala González
Y duro con el piano. Un hombre exigentísimo don José María pero que sin lugar a dudas busca el aprovechamiento de sus hijas, pero ¡de qué modo! Yo sinceramente agradezco por haber permanecido con mi papá y no inmiscuirme en asuntos tan penosos y dolorosos en la familia que ya iré contando conforme terminemos las doce cartas; los sucesos de muerte, destrucción, amor y odio, así como desesperación y angustia que se vivió y se vive aún en la familia de mi madre. Me alegra saber que mis hijas y mis nietos jamás tuvieron la necesidad de pelear por cosas que se acaban. Mi esposa –que Dios la guarde- y yo construimos nuestro patrimonio de nuestro bien amado trabajo, y a nuestras hijas les tocó vivir con nosotros la construcción no sólo material sino formal de nuestra bella familia, producto de todos, pero sobre todo, de nuestro gran amor. Y mis nietos que han venido a visitarme y con quienes paso ratos por demás agradables ya sea en una partida de ajedrez o viendo un buen partido de basket ball, o sencillamente platicando todos interesadísimos en los acontecimientos mundiales o en la historia, han aprendido que la vida es corta, y hay que vivirla con puro amor por nuestra familia, por nuestro mundo, por nuestros amigos y ser agradecidos con aquel que nos ha donado todo esto, y ser felices y disfrutar la vida, porque la vida es ahora, gozarla en aquel que es Amor. Bien, por esta noche es todo, ha regresado a mí estómago aquél padecimiento que tuve cuando era joven, fuertes dolores, espero no sea nada grave.

2 comentarios:
me gusto, simplemente eso...
por cierto muchacho ahi t dejo la direccion de mi blog, espero tus opiniones, acepto criticas fuertes!!!
http://blackpeque.blogspot.com/
bexos
fanny
Hey, Hey...urge algo nuevo, Saludos desde el primer mundo y no falacias de propaganda sexenal. Un saludo. Arriba Obamma!!!
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