Una vez que los problemas con mis tíos se “arreglaron” siempre siguiendo la voluntad del mayor de la familia, es decir mí tío el que los encarceló, las cosas parecieron un tiempo que tomaban su cauce, pocas veces fuimos a visitarlos y en las ocasiones que nos tocó volver a convivir con ellos fue en la funeraria o ya de plano seis pies bajo tierra, y en alguna esporádica reunión. Entre aquellos que fallecieron en aquel tiempo se encontraba mi tío José, su hijo Pepe, mi tío Samuel, Pedro, Julio, Yolis, el primo Yuyis, la tía Dolores, la tía Chelo, todos ellos de una fortaleza espiritual tal que bien su vida habría valido la autoridad, el orden y un buen gobierno en la familia, todos distinguidos por un carácter de alegría, de sangre liviana, dirían hoy de buena vibra, y de un amor y cariño por su familia que los siguientes guías de la familia bien han de envidiar, pues todos ellos gozaban de un carisma legítimo, natural, sonrientes siempre, callados en las desgracias, valientes y fuertes para encarar la desventura que se aproximara, de un corazón sincero con el que hablaban siempre en las manos, su verbo era fuego y su mirada era brisa, cada uno falleció a distintas edades dejando un legado de nostalgia que perduró décadas, algunos de ellos muy jóvenes y otros no tanto, pero todos con una carga de humanidad que su sola existencia habría hecho más liviana la carga de una familia de peso como la de mi madre, a todos ellos los conocí poco, pero qué gran alegría despertaban en el alma de cada uno que se acercaba a ellos, platicar con alguno era adentrarse a un mundo lleno de posibilidades más allá de la imaginación, pero sobretodo, un mundo también muy real y ellos listos para enfrentarlo en su silencio o en su risa incontenible y contagiosa; después de que ellos fallecieron año con año, el futuro de la familia se tornó obscuro, pues aquellos que tomaron las riendas de la familia sólo lo hicieron en beneficio propio, con mentiras, engaños y hasta con acciones criminales y delictivas; por ello ahora reflexiono sobre cómo es posible que las personas más valiosas hayan desaparecido así, como si la familia de mi madre estuviera condenada a su extinsión y aniquilamiento por sí misma, por una suerte de convulsión y canibalismo familiar sin precedentes. Podría leerse descabellado, pero es así, aquello héroes familiares se lanzaron por la familia, por su unidad, su justicia, y su libertad, a veces pareciera que su recuerdo se desvanece tanto como su legado, aquella vivencia fue única, pero no todos somos tocados por la luz del espíritu que permite mirar con claridad la fuerza del amor. Y éste año no ha sido la excepción, cuando se pensaba que nuevamente habría mentes jóvenes, espíritus que podrían elevarnos a las mayores alturas, suceden nuevas tragedias dentro de la familia. Hace algunos meses vino a visitarme mi nieto Xavier, me dio la noticia de que la abuela de su gran amigo Mario había fallecido, no conocí a la señora personalmente, habrá tenido mi edad probablemente, pero sé que era una maravillosa mujer, un ejemplo de madre y una buena amiga; Xavier vino a mí pues la noticia le resultó en el recuerdo de su abuela, a quien sin duda extrañamos profundamente. Mis nietos conocieron poco a María Luisa, una excepcional mujer que fue mi esposa tantos años y compartió mi vida entera, desde el escritorio a la cama y de la cama a la cocina, de la cocina a la biblioteca y de ésta al café, mi siempre aliada y compañera desde los estudios hasta el hogar, la madre de mis hijas a la que extraño cada noche y cada mañana. Sólo espero su llegada, su nívea mano y su suave voz para adentrarme al sueño de la vida sin término.La siguiente carta está fechada el 10 de Marzo de 1909 y dice así:
Querida hija:
Hoy Domingo fui a Misa con tus hermanos y Licha a la Iglesia de Jesús Sacramentado y al ratito le llamé a Josefita al hospital y me dijo que anoche mismo como alas 11 ya había recibido el telegrama de ustedes. Le dio mucho gusto y le platiqué que tú te habías puesto a llorar un poco y ella dijo: “Pobrecitas, no tenían porque afligirse”.
Bueno, pues fíjate que el Miércoles, como te expliqué, habían llegado Ofelia y ella de la Capital, de un problema medio serio que tuvieron de una de sus hermanas, y yo creo que se preocuparon más de la cuenta, a grado tal que le estallaron los nervios tan fuerte que cuando vine aquí se le paró 3 veces el corazón, y francamente yo pensé en cosa de segundos que yo creo que ya no la recuperábamos, y que esto otra vez se volvía una tragedia, pues de veras, la vimos en un momento casi muerta. Gracias a Dios que el Doctor Carmelo López se encontraba en su casa y al haberle llamado con urgencia, en cosa de 3 minutos llegó y le dio respiración apretándole el pecho, y fue así como se volvió a recuperar, pero esta cuestión, como les digo, se repitió por 3 veces, al día siguiente ya de acuerdo el Dr. López con el Dr. Salvador de la Capital, le recetaron para que se recuperara un poco, y fue así como el Viernes la llevamos a la Capital su hermano Luís y yo, en compañía del doctor y ya la dejé internada en la casa del Dr. Salvador con más esperanzas y tranquilidad, en vista de que le hicieron algunas pruebas médicas y resultó que su corazón se encuentra sano, por lo que van hacerle más estudios y el Doctor la observará para ver de dónde le ha resultado esta deficiencia.
Espero en Dios que se ponga bien, y que todo vuelva a la normalidad como antes, pues yo tengo grandes problemas de dinero, de negocios, y ahora esto, y la verdad es que también casi me siento tan deprimido que sólo porque soy de buena correa tango obligación de enfrentarme seriamente y muy fuerte a todas estas cosas que la vida me ha querido enseñar.
Pasando a otra cosa, y como quiera que al escribir esta carta se encontraba aquí la criatura –tu hermano Adolfito-, él también va a escribir algunas cosas, a ver qué se le ocurre, y mientras tanto les doy las gracias a ti y a María por su telegrama, y espero que ustedes estén estudiando fuerte, inclusive música, y ojalá pronto nos volvamos a ver por aquí. Ya saben, que con todo mi corazón les envío mis bendiciones, abrazos y besitos, y hay dejo a la criatura para que siga un poco esta carta.
Sr. Don José María Zavala González
Elisa. Esto que les voy a escribir es como si fuera una carta mía. Fíjense que fuimos a una pequeña convivencia del Colegio con los Rodríguez echamos mucho relajo, nos sacamos 3 patos, 10 pollos, 1 conejo y 4 palomas, y ahora haber si ya empezamos a criar más animales y haber si ya no nos corre mi papá. Ahora vamos a la capital a ver a Josefa que está disque enferma.
También fíjense que ahora la yegua ya va a criar, y me dijo Don Manuel que ya nada más le faltan como 15 o 20 días. Bueno eso es todo, saludos a María. Bueno, adiós, y escriban.
Su hermano Adolfo.
Es más que evidente que la esposa de Don José María -la Sra. Josefa- no hacía más que drama por situaciones que sólo Dios sabe; de aquellas viejas hipocondríacas, psicosomáticas pero sobre todo desquiciadamente enfermas como para dar semejantes sustos a su esposo para, claro está, lograr siempre sus objetivos a base de una sobredosis de locura bien recubierta de soberbia e ignorancia. Esta situación me causa mucha risa en especial porque el pequeño Adolfo señala claramente “disque enferma”; me asombra la claridad de éste infante que se daba perfecta cuenta de lo que sucedía en su entorno. Ésta carta en particular me llama la atención porque el tono en que Don José María la escribe es un tono muy natural y humano, es casi como si no fuera él. Me deja una impresión de susto y de angustia por quedar viudo otra vez, como si esta experiencia cercana a la muerte de su segunda esposa fuera para él una advertencia de que en cualquier momento las cosas podrían cambiar de una vez y para siempre, aunque ya antes hubiera pasado por una vivencia tal. Quizás más valdría que en verdad esa señora hubiera muerto a tiempo para dejar a lado sus espectaculitos, y su –estoy seguro- maltrato a los hijastros. No dudo que cuando una mujer se entrega a su delirio provocado por la ignorancia, la prepotencia y el poder desata las cosas más estrafalarias, una retención de pensamiento total que la tragedia toca a cada persona, provocando sufrimiento, dolor y hasta desesperación tal, que qué cosas no habrán sufrido éstas pequeñas criaturas con una madrastra como esa. Pues bien, mañana iré de nuevo al médico para que continúen mis estudios, el dolor en el estómago y la cadera se ha vuelto muy intenso estas últimas semanas; el único que lo sabe es mi nieto Xavier que es quien me acompaña a cada paso, no quiero asustar a Frida ni a Sofía, mis amadas hijas.
