Primera RosaEres el amor de mi vida, soy el amor de tu vida. Al fin te he encontrado en esta ardua batalla que es el amor. Ahora que estás aquí nunca te voy a abandonar. Pero no corras, donde quieras que estés ahí me verás, con la daga en el corazón, con la lengua lamiendo cada gota que emane de ella. Te alimentaré con el vino tinto de mi sangre, serás mía por siempre, tú y yo seremos uno nutriendo nuestros sueños de egoísmo, celos, envidia y posesión.
Voy a ti como una tormenta ¿me escuchas? No corras, suena tan amargo pero no lo es, te caeré como el relámpago, te penetraré hasta que se quiebren tus huesos. No, no te destruiré, solamente te amaré. Una luz se verá en la noche, en la angustiosa noche que muere lentamente en ti.
¿Puedes ver la luna? Anuncia el final de los días, de nosotros. El preámbulo de nuestra unión perenne. Te prometo que no habrá piedad, pero corre, corre por nuestras vidas, no importa que el espacio sea demasiado pequeño, no te alcanzaré. No escuches todavía el coro de los ángeles, aún no consumimos nuestro amor. Pero espera, si oras, será mejor que el ángel de la muerte te arrastre.
No es venganza, es compasión, es un amor incomprendido. Nos romperá y caeremos en astillas. Tienes lágrimas en tu rostro. Sí, aquí viene, me vengo. Sin compasión. Me siento extraviado ahora que también estoy dentro de ti. He terminado, estoy listo para matar, al fin nadie sabe de mi soledad. Te miro, blanca piel con vestido sangre.
¿Te he lastimado? ¿por qué lloras? No grites. Tienes miedo. Te cubriré de sábanas rojas. No he perdido mi excitación. No, a mí me parece que esto es el amor. Estoy nuevamente a punto. Me asquea ésta existencia. Mi náusea clama por una tregua. Si, mientras mi lengua se convierte en tu patíbulo yo limpio con ella los horrores de la noche. Sin Dios, sin diablo.
Recorro tu piel, la saboreo, aún estás tibia, pero la habitación permanece fría. Te he decorado una linda tumba. La cruz arriba de la cabecera nos observa, sus clavos me rasgan la piel; con ella prendí el fuego de la noche, solamente así se purificará mi alma. Salgo un momento, es bueno un cigarro después del amor, me han dicho.
Regreso. Pero de ti no me iré, soy como tu sombra, te perseguiré siempre porque te amo, porque no puedo dejarte. Descansa. Cuando nos levantemos más tarde nuestros cuerpos muertos pedirán misericordia, y comenzaremos de nuevo.
Por ahora, aquí te dejo éstas rosas negras...
Nota: Todas las fotografías de "Rosas Negras" pertenecen a Eugenio Recuenco, fotógrafo español.
Voy a ti como una tormenta ¿me escuchas? No corras, suena tan amargo pero no lo es, te caeré como el relámpago, te penetraré hasta que se quiebren tus huesos. No, no te destruiré, solamente te amaré. Una luz se verá en la noche, en la angustiosa noche que muere lentamente en ti.
¿Puedes ver la luna? Anuncia el final de los días, de nosotros. El preámbulo de nuestra unión perenne. Te prometo que no habrá piedad, pero corre, corre por nuestras vidas, no importa que el espacio sea demasiado pequeño, no te alcanzaré. No escuches todavía el coro de los ángeles, aún no consumimos nuestro amor. Pero espera, si oras, será mejor que el ángel de la muerte te arrastre.
No es venganza, es compasión, es un amor incomprendido. Nos romperá y caeremos en astillas. Tienes lágrimas en tu rostro. Sí, aquí viene, me vengo. Sin compasión. Me siento extraviado ahora que también estoy dentro de ti. He terminado, estoy listo para matar, al fin nadie sabe de mi soledad. Te miro, blanca piel con vestido sangre.
¿Te he lastimado? ¿por qué lloras? No grites. Tienes miedo. Te cubriré de sábanas rojas. No he perdido mi excitación. No, a mí me parece que esto es el amor. Estoy nuevamente a punto. Me asquea ésta existencia. Mi náusea clama por una tregua. Si, mientras mi lengua se convierte en tu patíbulo yo limpio con ella los horrores de la noche. Sin Dios, sin diablo.
Recorro tu piel, la saboreo, aún estás tibia, pero la habitación permanece fría. Te he decorado una linda tumba. La cruz arriba de la cabecera nos observa, sus clavos me rasgan la piel; con ella prendí el fuego de la noche, solamente así se purificará mi alma. Salgo un momento, es bueno un cigarro después del amor, me han dicho.
Regreso. Pero de ti no me iré, soy como tu sombra, te perseguiré siempre porque te amo, porque no puedo dejarte. Descansa. Cuando nos levantemos más tarde nuestros cuerpos muertos pedirán misericordia, y comenzaremos de nuevo.
Por ahora, aquí te dejo éstas rosas negras...
Nota: Todas las fotografías de "Rosas Negras" pertenecen a Eugenio Recuenco, fotógrafo español.
2 comentarios:
Texto intenso, me gusta el ritmo en el que se desarrollan las acciones y el final me parece bueno!
worales!!! que patológico...me gusta, desagradable y sucio, fantástico.
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