Tercera RosaTe destruiré, voy a triturarte, romperé cada parte de ti. ¡Amor mío! Siento esa excitación ahora mismo. Cogeré todo tu ser, lo aniquilaré. No quedará nada de ti, descuartizaré todo tu cuerpo. Te aplastaré, desgarraré tu piel, quemaré tus pechos. Es hermoso verte hacer el amor, chispas ardientes brotan desde tu entrepierna. Tu sexo está en llamas. Mis manos te toman por detrás, no voy a desperdiciarte, todavía. Obtendré tu alma. Te daré la vida que has deseado.
Observo tu mirada, esos grandes ojos bien definidos esperan por mí. Te amo. Aunque no me ames lo harás. Esperarás la orden. Sangrarás hasta el amanecer, me entregarás todo el amor que te di. Transformarás tu rostro en sonrisa paralela, así tenga que deformar tu cara. El daño que me hiciste lo pagarás con creces, amándome. Haré todo por curarte amor mío, el daño será dolorosamente suave. Gritaremos a un solo golpe. ¡Grita! Sin mí no tendrías nada, tendrías un amor celestial, pero el amor es real. El tormento se vive en él. El amor es una vivencia. Te sientes verdaderamente vivo con él. Y solamente puede sentir quien percibe el sufrimiento y el dolor.
Estoy que ardo. Corto mientras penetro, la sangre corre tus mejillas –eres virgen que llora sangre-, cae sobre tu pecho y vientre hasta tu rodilla. Ahora ¿puedes ver tu rostro en el espejo? Aquel bello rostro no amaba. ¿Te reconoces ahora? Este es el rostro de quien ama. Déjame tenerte una noche más, con este nuevo rostro de ti. Nos mantendremos juntos, finalmente solos tú y yo hasta el crepúsculo. No más tristeza. Las risas correrán desangrándose por las calles en eco. Al final ¡amor mío! prometo darte a las ratas.
Observo tu mirada, esos grandes ojos bien definidos esperan por mí. Te amo. Aunque no me ames lo harás. Esperarás la orden. Sangrarás hasta el amanecer, me entregarás todo el amor que te di. Transformarás tu rostro en sonrisa paralela, así tenga que deformar tu cara. El daño que me hiciste lo pagarás con creces, amándome. Haré todo por curarte amor mío, el daño será dolorosamente suave. Gritaremos a un solo golpe. ¡Grita! Sin mí no tendrías nada, tendrías un amor celestial, pero el amor es real. El tormento se vive en él. El amor es una vivencia. Te sientes verdaderamente vivo con él. Y solamente puede sentir quien percibe el sufrimiento y el dolor.
Estoy que ardo. Corto mientras penetro, la sangre corre tus mejillas –eres virgen que llora sangre-, cae sobre tu pecho y vientre hasta tu rodilla. Ahora ¿puedes ver tu rostro en el espejo? Aquel bello rostro no amaba. ¿Te reconoces ahora? Este es el rostro de quien ama. Déjame tenerte una noche más, con este nuevo rostro de ti. Nos mantendremos juntos, finalmente solos tú y yo hasta el crepúsculo. No más tristeza. Las risas correrán desangrándose por las calles en eco. Al final ¡amor mío! prometo darte a las ratas.
2 comentarios:
Genial, mi favorito. Diría que cada parrafo esconde una tesis filósofica, la idea que manejas al final me encanta, el rostro rasgado, ultrajado, sangrante, desfigurado es el verdadero rostro de quien conoce el amor, en tu relato el espejo es capaz de develar y desmentir un espejismo. Me imagino el rostro del sometido, pero ¿cómo será el rostro de quien somete? sin duda a de ser un rostro sereno e impávido, un rostro de quien sabe dar amor, de quien sabe hacer sufrir.
Totalmente de acuerdo. El rostro de aquel que somete ha de ser radiante, lleno de una alegría estática, inmóvil pero con los ojos brillantes, con sonrisa tenza, y con una respiración entre cortada y entre sudores; como si aquel momento fuera único y perfecto, e inolvidable.
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