sábado 9 de enero de 2010

Rosas Negras X

Décima Rosa
La otra noche fui a visitar tu tumba. He guardado luto. Extraño esa última noche que estuvimos juntos, antes de depositar tu cuerpo aquí, bajo mi mirada. Levanto la vista y ahí está el campanario donde te elevaste por primera y última vez. Subimos. Estábamos ahí, solos los dos. Te dije que era el día de la asunción y sonriendo me dijiste que los ángeles vendrían por ti. Así fue, soltaste mi mano y te elevaste infinitamente. Cuando bajé las escaleras volví a encontrarte. Abrazabas el suelo y tu sonrisa quedó marcada por la eternidad con unas gotas rojas resbalando cerca de tu labio, salían buscando apresuradamente un lugar donde refugiarse, era invierno. Tu corazón también estaba ahí, latía con fuerza, parecía querer regresar a ti. Lo tomé y lo mordí, pensé que así sería la manzana que nuestros primeros padres no se resistieron a probar. Aquí abajo está tu tumba que cavé esa misma noche.

Había estado trabajando arduamente. Corto un poco, una vena a la vez, de sangre te construí una tibia morada para que no te tengas que ir. Fue providencial que hayas ascendido en éste lugar santo, tendrás quien te cante maitines, laudes, vísperas y completas, y quien recuerde tu presencia con cada campanada.

Está a punto de amanecer y me siento excitando nuevamente, es increíble que tu ausencia despierte en mí todavía esta sensación tan romántica, el amor es eterno, han dicho. Es verdad lo que dicen sobre la eternidad de las almas.

Cavo, cavo desesperadamente hasta volver a tus brazos. Te encuentro. Aquí estás, tan blanca, con esa sonrisa única para mí, por mí. Ahí estás, hermosa, única. Y hacemos el amor una vez más, prometo que regresaré cada aniversario. Los cuervos guardan silencio, respetan nuestra intimidad. Te besaré, recorreré tu cuerpo con mi lengua, entraré a ti y saldré; pero no me volverás a abandonar. Estás fría. Claro, has estado mucho tiempo desnuda. Te habría traído un nuevo vestido. Pero yo te daré calor. Una vez cada año te tomaré entre mis brazos y me elevaré contigo, hasta que no quede nada, hasta que mis manos atraviesen tu piel, hasta que mis huesos choquen contra tus huesos, hasta que seamos el polvo prometido. Profanador de tumbas me han llamado, no les creas nada, únicamente a ti he jurado amor eterno.

1 comentarios:

Jorge Alejandro dijo...

Asumiendo que el protagonista de cada rosa es el mismo, me atrevo a asegurar que ha pasado ha ser de un amante bestial y sadico a un anhelante romantico que vive esperando revivir sensaciones enterradas...convirtio su irracionalidad bestial en un quejido de amor.