Muy estimable Lorena:
Con el permiso de tu consentido Cheché, te envío mis saludos deseándoles lo mejor de esta vida, y paso a platicarte enseguida, parte de mis numerosos problemas, pero como si éste fuera el principal, que es el de mis hijos:
El Viernes me habló tu hermana Valeria y me dijo: que ya era momento de que vigilara más a mis hijos, que habían ido a la fiesta que hubo en Sn. Jorge y que ahí estuvieron bebiendo hasta mis hijas las mujeres. Que no solo ella, Victoria, había sido sola la que los vio, sino que también Santiago y que se veía muy mal que mis hijos estuvieran en fiestas haciendo desfiguro y medio, bailando con una palomilla de cochambrosos muchachos y que ya no le tenían respeto a tu mamá, así como que llegaban a muy altas horas de la noche y que, en otras palabras, ya no los soportaban.
Luego, ése mismo día, alguien de mi familia también ya me estaba platicando que también Elvia era de la misma opinión, y agregó: “que parecía que se decía en el pueblo que ya María se comportaba de una manera tan dudosa con su famosos Mario, que daba la impresión de que ya eran amantes, y que la han visto atravesar las calles a eso de las 23 horas de la noche (11 de la noche) y que también a eso de las 3 de la mañana, que ya a tu mamá no le hacen el mínimo caso. Y en lo que se refiere a Consuelo, que ésta muchacha ya una vez le levantó la mano a la Taita, Majita, así como que no le tiene respeto y que es tan terrible que a todos mis hijos ya les prohibieron, mejor dicho, que tanto Daniel, Valeria y Santiago, ya les prohibieron a sus hijos la amistad de los míos.
Como comprenderás, me apena grandemente que esto esté sucediendo en estos momentos en que yo tengo serios problemas y no puedo tener bajo vigilancia personal a mis gentes, pero no me esperaba ésta conducta: así que de verdad creo que me creerás que mi único objetivo de mi vida es la educación de mis hijos, para que el día que Dios me llame a cuentas siquiera sepan valerse por sí mismos y no me salgan unos vulgarcitos. De veras es esta mi mayor preocupación. Claro que yo no me espanto de nada en cuanto a los hombres, pero en cuanto a las mujeres… pues ya te imaginas. En conclusión, yo te agradecería que, cuando puedas, me escribas y me digas la verdad de cómo es la conducta que mis hijos han adoptado, pero sin que sirvas de tapadera de nadie, no sea que al encubrirlos, todavía me resulte más perjudicial en cuanto yo trate de reprenderlos sin saber a ciencia cierta cómo debo de actuar. Ruégote, pues, te tomes la molestia de hablarme con la verdad y así, te repito, ya sabré cómo conducirme con ellos de manera lo más acertada posible.
En éstos momentos que son ya casi las 16 horas (4 de la tarde), fíjate que se me ha presentado el fulano que arriba te mencioné y, pues, ya me pidió permiso de venir a ver a María. Sentí muy gacho, como se dice, pero qué iba yo a hacer. Ni modo, tuve que aflojarme, y si es para bien, pues ellos que con su pan se lo coman. Dios quiera que todo sea para bien, claro es que yo así se los deseo a todas mis hijas. Bueno, ya te informé y por favor no dejes de escribirme, también con permiso de Cheché, y que sea él quien, precisamente, vea y lea lo que me mandas a decir. Muchas gracias y reciban mis saludos. (Consuelito ya está interna en el colegio).
Atte.
José María Zavala González
PS. Por favor que no se agrande el chisme.
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